Le cruzaba la cara una cicatriz rencorosa: un arco ceniciento y casi perfecto que de un lado ajaba la sien y del otro el pómulo. Su nombre verdadero no importa; todos en Tacuarembó le decÃan el Inglés de La Colorada. El dueño de esos campos, Cardoso, no querÃa vender; he oÃdo que el Inglés recurrió a un imprevisible argumento: le confió la historia secreta de la cicatriz. Leer el resto de esta entrada…



